Holy Motors, Leos mil Carax

No sé cómo empezar.

A estas alturas la mayor parte de los cinéfilos (palabra que suena a secta) conoce a Leos Carax, se sabe de su vida y de su corta filmografía. Además, Holy Motors no puede etiquetarse ni analizarse en torno a los parámeros del cine comercial. Igualmente, me resulta cansino buscar el cine de donde bebe Carax, esa mirada al pasado que los críticos no se cansan de exprimir en lugar de usar sus energías para buscar las posibles claves del cine del futuro. Y resulta igualmente desconcertante que se le pregunte al cineasta por su elección del digital en detrimento del celuloide, ¿alguién le preguntó a Guttemberg por los libros manuscritos?¿Quién no se siente un actor múltiple a lo largo de su día? Mostramos distintas caras con la familia, en el trabajo (si lo tenemos), con nuestros amigos o vecinos… Pero seguimos siendo nosotros, o por lo menos así lo percibimos. Y van pasando los años y cambias de papel, pero nunca se baja el telón hasta que llega la muerte. Carax nos invita a compartir la transformación física y emocional de un hombre-actor (en la medida que nos muestra ambas vertientes) en diferentes personajes, involucrado en situaciones muy diversas, que comprenden desde el guiñolesco mendigo vestido de verde, pasando por el falso realismo de un padre llevando a casa a su hija después de una fiesta, continuando con el melodrama irónico de un tío moribundo y su joven sobrina de conveniencia, incluyendo el musical de una relación perdida, hasta al surrealismo de una familia de monos que te espera en casa después de un largo día de trabajo.

¿Quién es Mr Oscar en realidad? No lo sé ni me importa, bastante tengo con viajar con él en una limusina blanca por todo París y ser testigo del progresivo hartazgo de su forma de vida, de las preguntas existencialistas reflejadas en sus ojos, de la careta que no deja pegamento en la cara pero que deja huella en el alma. Y a pesar de todo ese cansancio psicológico, me queda la certeza de que mañana volverá a coger esa limusina parlante de la empresa Holy Motors, conducida por la mujer madura sin rostro porque, en el fondo, no sabe ni quiere hacer otra cosa distinta. ¿Es Carax Mr Oscar? ¿Habla sobre los mundos que conviven en su imaginación? ¿Habla sobre el cine o sobre la ausencia del mismo? No lo sé, ni se lo he preguntado. Seguro que sí, o por lo menos tengo la sensación de moverme a través un juego de espejos situados entre realidad y ficción, sensación que él mismo alimenta desde el prólogo, cuando entra al cine por una puerta secreta, de la que sólo el tiene la llave, y se queda mirando a la pantalla como un espectador más. ¿Mira al mundo?, ¿mira hacia su interior?, ¿mira a los demás?, ¿o a su reflejo en los demás? Pero volvemos a lo mismo, ¿es necesario responder esas preguntas para disfrutar mejor esta película? Porque en esta experiencia audiovisual lo importante no es comprender, sino dejarse llevar, volverse sensible y permeable a otras realidades, a otras identidades y otros yoes. ¿Y qué es el cine sino eso?

Mr Oscar realiza su trabajo y aunque sé que es un papel, e incluso puedo ver los preparativos y las máscaras que utiliza para introducirse en él, me sumerjo en esas otras vidas que trata como propias, debido una convención tácita que yo acepto como si fuera un juego. Pareciera como si estuviese imitando el cine, pero ésta es una imprensión mía, no hay ningún mensaje específico en la película que me lo confirme. Seguramente en Holy Motors hay muchas referencias a la vida de Carax, a su cine, a sus protagonistas, cosa que me parece normal, porque si un cineasta no se ve influido por la vida, por sus sueños o por los demás, siempre hará películas iguales, fríamente calculadas y diseñadas, pero nunca vividas. Lo especial no está en descubrir todos esos aspectos dentro del metraje como si se examinase una radiografía clínica, sino en ver como se articulan de forma casi inasible hasta que se consigue un todo mayor que sus partes, conformando una mirada, creando vida y cine.

No sabía como empezar y del mismo modo no sé como terminar.

Además tengo la impresión de que he escrito demasiado, o demasiado poco. Sólo me queda recomendar que hagáis el esfuerzo de verla de una forma libre y que os dejéis llevar por la blanca limusina sin prejuicios, que os riáis, os aburráis u os emocionéis. Y que intentéis vivir así, luchando para conservar la esencia de lo que sois y evitar que nadie os la arrebate.

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One thought on “Holy Motors, Leos mil Carax

  1. HOLY MOTORS acaba de ganar el premio a Mejor Película en Idioma Extranjero de la Asociación de Criticos de Los Ángeles. Leos Carax, su director, no acudió a recoger el premio. En su lugar mandó este discurso:
    “Hola, soy Leos Carax, director de películas en idioma extranjero. Llevo haciendo películas en idioma extranjero toda mi vida. Las películas en idioma extranjero se hacen por todo el mundo, por supuesto, excepto en América. En América solo hacen películas en idioma no-extranjero. Las películas en idioma extranjero son, obviamente, muy difíciles de hacer porque tienes que inventar un idioma extranjero en lugar de usar el idioma habitual. Pero la verdad es que el cine es un idioma extranjero, un idioma creado por aquellos que necesitan viajar al otro lado de la vida. Buenas noches”

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