14N Huelga, huelga, huelga general

Imagen Blog Cuatro cosas

Para un par de subnormales ayer fui una jornada normal, sin incidencias remarcables hasta lo sucedido en Neptuno, pero con heridos, detenidos y cargas policiales desde bien temprano. Para otros inútiles, la jornada ha sido un fracaso por indicativos tan absurdos como el consumo eléctrico o por cifras de manifestantes calculadas por miopes mentales tan intensos, que ninguna lente puede ayudarles a converger ideas en su mente. Y qué decir de esos falsos soldiarios que ponen el foco de atención en los trabajadores a los que se les niega el derecho a asisitir a su lugar de trabajo, obviando a aquellos otros que se han visto coaccionados para ir o bien obligados a cumplir servicios mínimos una vez que se ha sabido su intencíon de ejerecer su derecho a la huelga, derecho que todavía no se nos ha sido arrebatado por leyes injustas y anticonstitucionales.

Empiezo así esta entrada del blog porque estas cosas que parecen ridículas para tod@s aquell@s que estuvimos reivindicando nuestros derechos, son parte de informaciones contaminantes que son necesarias saber y recordar para reconocer a quiénes tenemos enfrente y para pedir responsibilidades de comentarios, fotos y falsas crónicas que no debieran permitirse salir impunes. Gracias al esfuerzo, sudor, heridas y detenciones de mucha gente, podemos disfrutar de una red informativa independiente de los medios mayoritarios, esos que evitan ir a la superficie y se quedan en el titular más sensacionalista posible. Porque el eslógan está pasando, lo estás viendo que preconizaba una cadena hoy extinta, ha evolucionado a nivel ciudadano gracias a las nuevas tecnologías, pero que a su vez no serían nada sin la gente que graba con sus cámaras, hace fotos, twittea al instante, escribe, informa sin ningún interés oculto, simplemente queriendo dar a conocer lo que está sucediendo en un lugar y momentos determinados.Las crónicas de las huelgas ya no empiezan a la hora de inicio de las manifestaciones, sino antes que marquen las 00.00h, reflejo de las ganas, motivos y energías para movilizarse y empezar a trabajar cuanto antes. En voz alta me pregunté ayer porqué las manifestaciones no empiezan antes y se prolongan en el tiempo durante todo el día, sobre todo en invierno que la noche cae antes; razones habrá, pero creo que hay que empezar a cambiar conceptos y que la huelga activa puede incluir más acciones que asistir a una manifestación determinada. Y cuidado, que asistir a una manifestación no es cosa baladí y cada vez más se demuestra que entraña riesgos que cada uno debe tener el valor de asumir, porque a pesar que la razón nos dicta que debiera ser un acto solidario, pacífico y unitario, hay que ser conscientes de donde estamos y de los tiempos que corren. Además, es una acción en la que cada vez participa más gente que antes ni tan siquiera se preocupaba por estos temas, pero que se han visto arrastradxs por las circunstancias y, aunque demasiado tarde para algunas cosas, es necesaria esa energía para muchas otras. Me gustaría ver a mi ciudad paralizada completamente por una huelga solidaria, pero no me voy a amargar por los que faltan, sino disfrutar, acompañar y abrazar a los que son y que están.

Cada cual tiene su crónica, su itinerario vital y yo no voy a ser menos. La mía empezó con el encierro de una serie de trabajadores del espectáculo en el teatro Español de la Plaza de Santa Ana en Madrid, con la intención de realizar una llamada de atención y apoyo a las luchas ciudadanas que se vienen sucediendo, y particularizando en la situación agonizante del panorama cultural español para recordar(nos) que sin cultura, es una dictadura. Y poder así dar visibilidad a todos los trabajadores del espectáculo que la hacen posible, porque aunque la parte más conocida y a la vez criticada sean los actores, hay mucha gente incluida en la lista que lo está pasando mal y que en cierto modo, visto desde fuera, se duda tanto de su existencia como de sus problemas reales dentro del sector. Personalmente, como no puede ser de otro modo, no me gusta la idea de abusar de caras conocidas para que den tirón, me parece en cierta forma algo demasiado cómodo para el resto el dejar esa responsabilidad a los de siempre amparándose en la necesidad que tenemos la gente de mártires y líderes. Y tocando el tema, ¿por qué siempre dan la cara los mismos?, ¿por qué tienen que quemar su imagen pública?, ¿no hay más gente dispuesta? Siguiendo con esta tesis, yo ví a muchos actores y caras conocidas apoyando este acto de diversas maneras, pero ni los medios mayoritarios ni nosotros mismos dentro del sector hicimos hincapié en ello y dejamos escapar una oportunidad, de las muchas que espero tendremos en sucesivos actos, de ampliar los nombres y caras que participan en esta lucha. Ojalá más gente nos implicáramos, yo reconozco que activamente he participado en cultura del 15M pero no así en las nuevas plataformas y coordinadoras que se están organizando, y quitásemos al fin ese prejuicio que cierta parte de la sociedad tiene hacia los trabajadores del cultura. Ojalá que fuésmos todxs más solidarixs, y no sólo cuando el futuro está negro.

Quiera dejar un apunte complementario a estos temas. Con pocas profesiones te haces rico hoy en día, pero las posibilidades incluso disminuyen si trabajas en el espectáculo. Particularmente, si hubiera querido otra vida, hubiera seguido con mi camino de ingeniera que, aunque no te garantiza nada como se ha comprobado con la crisis, si que a priori te ofrece otras perspectivas. Pero mi apuesta es otra, ya sea dentro de la industria o de modo más underground y lucharé por mis derechos y mi dignidad.

Hay tantos frentes abiertos que es imposible centrarse en un sector y, después de intentar difundir lo más posible el encierro, destiné mis energías en unirme a mis ex-vecinos y amigos de Letras y demás vecinos de barrios del centrosur como piquete informativo, aunque el primer destino fueron los dos deshacios que estaban programados en Lavapiés. El primero de ellos pudo evitarse, pero al segundo se llegó cuando la policia y demás parafernalia ya estaban en el interior de la casa. En este punto debo recordar que he estado fuera de España casi cinco meses (mezclando trabajo y placer) y que no asistí a las últimas manifestaciones y por ello me ha cogido a contrapié el aumento de tensión y el crispamiento en las formas de actuación; esto es lógico, porque si la gente que antes pasaba de estos temas, ahora se encuentra indignada, los que antes ya estaban hasta las narices ya ni encuentran calificativos para explicar su estado de ánimo. Por ello, hay cosas que merecen mi denuncia, tanto la carga que se produjo en este segundo deshaucio por parte de un número de policia exageradamente elevado, violento, con pasamontañas y sin número de placa y que tuvo como consecuencia varios lesionados y un detenido, como la gilipollez de pintar con spray el coche de policia y el abuso de la violencia verbal y a veces física de algunos que se decían piquetes informativos pero que, en lugar de hablar, convencer y razonar con la gente sobre su elección de no secundar la huelga, usaban la misma estrategia del miedo que se utiliza contra nosotros. Y cruzar la línea es peligroso, porque nos convertimos en lo mismo contra lo que luchamos y no estoy diciendo con ello que debamos comprender a antidisturbios que no razonan, ni a políticos, empresarios, banqueros que ni siquiera se inmutan por los sufrimientos que ocasionan. Yo soy cobarde y tengo miedo, lo asumo e intento vivir con ello, no me siento cómoda con la violencia, por eso valoro tanto a l@s compañer@s que son capaces de parar esos comportamientos y enfrentarse a los violentos, porque esas actitudes sólo hacen que la gente nos alejemos unos de los otros. Y me he dado cuenta que mi nivel de tensión y hartazgo es menor por el respiro que me he tomado, porque un nivel de compromiso solidario desgasta y cansa, mucho más cuando la gente no repara en la necesidad de dar un relevo y dejar descansar a los que siempre ponen la cara por nosotros. Porque luchar por unos derechos, que son tus derechos, que son nuestros derechos y que la gente actúe de forma insolidaria duele tanto o más que la subida del IVA.

De vuelta a Santa Ana, para compartir un momento con vecinos y encerrados y de nuevo a casa para cargar el Iphone que pedía batería con gritos desesperados y de paso contar y apuntar en mi memoria las tiendas solidarias que ejercían su derecho a huelga. Aunque mantengo mis simpatías al pequeño comercio, reconozco que me tocó la fibra sensible el hecho de que algunos puestos del mercado de Antón Martín se mantuviesen abiertos en el día de ayer.

A las cinco asistí al llamamiento a la Plaza del Rey, acto con mucha afluencia pero un poco confuso organizativamente (es lo que tiene que siempre sean los mismos los que se ocupen de todo) y con la esperanza de que la próxima vez se cuente con un apoyo sonoro más potente, porque es difícil enterarse de nada si sólo se usan dos megáfonos usados a poco volumen. La ida a la Plaza de Santa Ana fue poco compacta, o por lo menos yo lo viví así, tuve la sensación de casi correr para llegar hasta unos encerrados que no iban a irse a ninguna parte antes de que llegásemos. Por el camino sentí la alegría de encontrarme a muchos amigos que hacía tiempo que no veía, porque es justo reconocer que en esta profesión se genera en poco tiempo un nivel de cariño difícilmente comparable con las relaciones laborales que se establecen en otros sectores, de compartir nuestras historias y sentirnos unidos, que es lo que en el fondo cuenta. Y con Santa Ana llena se leyó el comunicado de la noche anterior debidamente actualizado con los acontecimientos acaecidos en la jornada de huelga. No acudí inmediatamente al llamamiento para paralizar la función del teatro Lope de Vega, me escapé con la mayoría de los asistentes a la manifestación para respirar el ambiente realmente impresionante de Cibeles visto desde Gran Vía y pude constatar la imposibilidad de contactar con más grupos de amigos que se encontraban ya en las cercanías de Neptuno. No soy simpatizante de los sindicatos mayoritarios, creo que se han dormido demasiado y siempre llegan tarde, pero o se cambia la legislación o nadie más tiene potestad legal para organizar una huelga general…

Antes de unirme al bloque que subía desde la beata a Atocha, pasé a sumarme al piquete de “El rey León”. Cuando llegué ya estaba establecido el cordón policial y el pasillo para que los insolidarios espectadores asistieran a la función e hicieran oídos sordos a la información de que los trabajadores habían sido presionados por la empresa para no ejercer su derecho a la huelga. No comparto los gritos de hijos de puta hacía la gente que accedía al recinto y aunque por suerte la facción más creativo y original ganó terreno al insulto fácil, no niego que me causó ardor de estómago y me generó una violencia terrible la gente que acudió al teatro en un día como ayer, en el que también se pedía huelga de consumo, a sabiendas que ésta es un arma muy poderosa con la que se puede paralizar el país a poco que nos lo propongamos. Las gilipolleces que algunos publicaron sobre esta acción ni las comento, en este punto ya tengo un texto lo bastante largo para incidir en la sinvergÜencería de los profesionales de la desinformación.

Tras constatar la imposibilidad de parar la función, volví a Santa Ana donde se iba a celebrar una asamblea, a la que finalmente no asistí porque decidí contactar de nuevo con mis vecinos de Letras que se encontraban en Neptuno. Por el camino me llegaron los mensajes de cargas, de caída de objetos y del lanzamiento de una bengala a la policia, (que me niego a creer que sea de un manifestante no infiltrado), así como la presencia de grupúsculos de gente muy joven y armada con botellas vacías (???) preparadas para ser lanzadas a una señal. Apuesto a que los antidisturbios no encontraron al “compañero” pirómano, aunque bien aprovecharon la coyuntura para sacar a pasear sus porras con los manifestantes más cercanos. Instantes depués de encontrar a mis amig@s comenzaron las cargas más fuertes, la gente empezó a correr, nos metimos en los bares, salimos hacía la casa del vecino más cercano cruzándonos con gente que había salido a tomar algo, manifestantes y antidisturbios con pistolas de aire comprimido, que no dudaron en disparar en medio de la calle a la gente sin mediar provocación.

Nervios y tensión intentando localizar al resto de compañeros y vecinos, oliendo el quemado de los contenedores que más tarde vimos en imágenes, revisando wasaps, streamings, twitteando… Así acabó mi jornada como una de los 35.000 asistentes a la manifestación, porque hemos comprobado que ni  las huelgas se libran de los recortes. Soy consciente de que este es un texto muy largo, pero necesitaba escribirlo y compartirlo con las que todavía me leeís aunque cada vez os sea más infiel con mi volumen de entradas en el blog.

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