Debtocracy, porque no debemos, no pagamos

Me ha resultado sorprendente después de tanto viaje por Europa, enterarme que formo parte de un país periférico. Tras un primer momento de desconcierto, reconozco que estamos en la periferia europea pero no comparto que lo que resalte con ese adjetivo tan poco atractivo sea nuestra pertenencia a ese club de países indeseables que estamos jodiendo a la UE con nuestras deudas y excesos. Porque en España hemos vivido unos años de bonanza donde gastábamos por encima de nuestras posibilidades desoyendo los consejos del resto de Europa… ¿O éramos alentados a ello? Un detalle sin importancia que a estas alturas no importa a nadie, y menos a Alemania, esa pobre prestamista engañada que persigue a los acreedores cual cobradora del frac en Mercedes.

Sea como fuere, el pan bajo el brazo que traían los niños se ha transformado en caramelos envenenados con la caries de la deuda, y ni lo peor de todo es que ni tan siquiera vamos a tener cobertura sanitaria que nos cure, ni un beso-préstamo del príncipe azul que nos salve del no future que preconizaba el movimiento punk. Pero por eso, por esa mugre que nos invade, dan ganas de escupir con furia a las mentiras de los políticos, esos personajes que prefieren ahogar a futuras generaciones antes de dar la cara, por ellos y por nosotros, asumir errores y exigir el no pago una deuda de la que no sabemos nada, pero que de seguro saldría odiosa en su mayoría como resultado de una auditoría. ¿Y por qué no se lleva a cabo? ¿A quién tienen miedo?, ¿a Mamá Europa, que no sabe con cuantos mercados putativos ha sido infiel y que como Cronos se está comiendo a sus hijos?, ¿a que se certifique la nefasta gestión y la estafa que nos están vendiendo como crisis?

Si hace unos años me dicen que en lugar de buscar películas, fotografías y pin up´s, me paso el tiempo rastreando blogs o informaciones sobre economía o política, me hubiese extrañado mucho, pero esto es lo que hay y tenemos que ser conscientes del momento en que vivimos. El cambio del mundo empieza por el cambio de uno mismo, el no aceptar lo que se nos dice, sino cuestionar con espíritu crítico, ese que se intenta ahogar en favor de un aborregamiento masivo, el torrente de desinformación que nos invade y luchar por lo que creemos justo. Y yo creo en España, y yo creo en la gente, y creo que de verdad algún día nos uniremos todos. Porque no debemos, no pagamos.

Y por eso os pido que le concedáis tiempo a Debtocracy, documental que pude ver ayer en El campo de la cebada y donde se da un repaso de forma sencilla pero contundente a la situación de Grecia, a los orígenes de la deuda odiosa, a la guerra de Irak, a la década perdida de América Latina o a la auditoría de la deuda de Ecuador. Su fuerza es la de proveer de razones para que el 13O sea la punta de lanza de un movimiento ciudadano Plataforma Auditoría Ciudadana de la Deuda que, aunque ya se lleva organizando desde hace tiempo, necesita de todxs nosotrxs para su continuidad.

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