La verdadera historia de P2

Un buen día decidí que estaba harta de ser script, bueno en realidad lo sabía desde hace tiempo, pero nunca antes me había encontrado con gente tan impresentable que me hiciese dudar de la validez del esfuerzo que supone buscar el sentido, y por extensión el raccord, en el universo audiovisual. Y da la casualidad de que se lo comento a una amiga, llamémosla Pilar, y entre las dos barajamos la posibilidad de trabajar con ella en su empresa. Cinco meses después, tras otra agotadora experiencia en una serie de ficción española, me lanzo a cambiar los exteriores por la oficina, los guiones por el excel y el inglés por el castellano. ¿Quién dijo miedo? La que se presumía idílica experiencia se tornó oscura tras que mi amiga decidiese dejar la empresa y por ende a mí, en un mundo totalmente ajeno y del que aún hoy, meses después, me cuesta entender la reglas por las que se rige. Pero todo sigue y en pocos días viviría el alumbramiento de un nuevo yo, P2 o pitwo, derivado de Pi (diminitivo de Pilar) y 2, porque era la sustituta de la originaria; en realidad sólo me he ocupado de una parte de su trabajo, que me ha costado, sudor, lágrimas, arrugas y algún que otro sobresalto. Este nueva denominación tiene como origen el humor inglés, ríete de los Monty Phyton, pero que pronto ganó adeptos entre todo el babel de nacionalidades que conforman la empresa y que encandilaba a todo aquel que escuchaba por primera vez mi seudónimo como administrativa técnica.

Todo ello podría quedarse aquí si otras P2 no entrasen a formar parte de nuestro universo olímpico, esas tarjetas de moda codiciadas por cualquier venue que se precie y que proporcionaron fuertes dolores de cabeza a Magda, mi gemela de gafas y compañera de fatigas, cuyo intento de convertirla en P3 no ha tenido tanto éxito porque ella tiene más bagaje que yo y un nombre propio ganado a pulso tras años de trabajar en este mundo singular. Peticiones y peticiones de una tecnología que ha hecho caer en desuso a nuestras queridas cintas, luchas por conseguir a tiempo tan precisa herramienta que no aparecía en el guión, pero que en sucesivas reescrituras se tornó en protagonista absoluta. Me gustaría hacerme una camiseta que rece “Yo sobreviví a P2” como recuerdo de mi paso por aquí, pero creo que tendré que esperar a mi vuelta a Madrid.

Quizás no os diga nada la historia, seguro que no tiene gracia más allá de la intimidad de la oficina, pero P2 se une por siempre a mis otros yo, Patty Sue, Patri Hilton, Patty Page, Pat, porque he de reconocer que esta experiencia no ha pasado en balde por mi vida y que tenia que escribirle una entrada irónica que evitase la queja cansina de niña mimada. Y avisar que sólo faltan 23 días para la liberación y el surgimiento de otro nuevo yo…

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