London, 4 de agosto 2012.

Precisamente hoy hace dos meses que vivo en Londres, aunque siendo realistas y debido a que hace un mes y medio que no tengo un día libre, de vez cuando me siento como Bill Murray en El día de la marmota y con la sensación de que no existe gran diferencia entre residir en Stradford o en Getafe. Estos días hay más trajín con la gente acudiendo al Parque olímpico, previo pago de 15 pounds por el paseo sin contar con comida o bebida , con sus banderas, sus souvenirs y sus gritos de ánimo para el Team GB. Pero no son los únicos, porque puedo confirmar y confirmo que los Juegos Olímpicos crean empleo, sin duda, ya que todos los días me encuentro a 9 personas vigilando un paso de cebra para que se cruce en modo safe, entre los que se incluyen dos voluntarios, dos policias y cinco personas con chaleco reflectante, una de ellas que me pide por favor que no me quede en ese lado del semáforo, sino que me vaya al otro lado de la valla con el resto del rebaño. Y no os cuento la cantidad de gente que te pregunta qué tal estas y que te desean un buen día. Incluidos los soldados, que aun declarando mi rechazo  a los uniformes, reconozco que la mayoría son muy atractivos.

Uno de las pocas rutinas que sigo desde el inicio de los Juegos, es visitar el teatro 3D de la zona técnica después de comer, a modo de interludio ligero entre relax y trabajo. A veces es alucinante. El 3D soporta un formato, Super Hi Vision, desarrollado por los japoneses con una calidad increíble. En deportes como el kayak  la experiencia es muy emocionante, con una perspectiva inimaginable que dota al esfuerzo de las atletas de una adrenalina extra, y que es tan cercana a los videojuegos que me hace plantear si el 3D no es un arma de los poderosos para que perdamos la conciencia de lo que supone la frontera entre realidad y ficción. Ahí queda mi momento paranoico del día.

Otras veces, me tocan deportes tan surrealistas como las camas elásticas, a las que amo desde mi niñez, pero que nunca pensé verlas elevadas a la categoría de deporte olímpico. Resulta muy bello seguir los dibujos en el aire de las atletas  y sobre todo me plantea muchas preguntas que no vienen a cuento. ¿Qué hubiera pasado si me hubiera tomado en serio a mi misma como saltadora en camas elásticas? Si en un bar te preguntan a que te dedicas y contestas que saltas en camas elásticas, ¿cuál será la reacción? Y sobre todo, si tu hijo es un flipado de las camas elásticas de la ferias, ¿cómo saber que estás ante una futura vocación y no un capricho pasajero? Todas las familias quieren un ingeniero en su prole, pero yo que lo soy, me emocionaría pensar que mi pequeño disfruta tanto con algo, que en un futuro quiere hacerlo su vocación. Y eso me lleva a otra reflexión, espero que no os esté cansando demasiado. ¿Cómo saber, adivinar, que energía apoyar en las futuras generaciones? Si viene tu futuro peque, en mi caso está por ver si se materializa algún día, y te cuenta que le encantaría ser payaso,mago o cuentacuentos, ¿qué haces? Además de ayudarle con los logaritmos neperianos, quizás habría que alimentar vocaciones y no sólo pensar en el futuro con las energías resultadistas que ha resultado tan frustrantes para toda mi generación.

En este momento Farah ha ganado el oro y reconozco que ha sido muy emocionante, da igual de que país hablamos, el sentimiento está ahí. Prefiero que nuestro futuro se fije más en el esfuerzo de los atletas que en la silicona de Gran Hermano. Pero ese es otro post. No me voy de aquí sin colarme en el estadio.

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