London 2012, living the experience

Si  estar en Londres durante los Juegos Olímpicos puede resultar una experiencia curiosa, trabajar desde dentro lo es aún más. Observar día tras día como el Parque Olímpico se depoja de vallas y se viste de un rosa chillón, es una imágen a la que pocos tienen la oportunidad de acceder.

También me resulta curioso que casi no tenga fotos ni tampoco vídeos, quizás la paranoia del secretisno y seguridad hayan enturbiado un poco mis ánimos, pero no es tan fácil encontrar un punto de vista que no parezca una postalita con marca registrada. Los atardeceres en el parque olímpico son muy bonitos cuando el sol nos honra con su presencia en este British Summer, pero incluso cuando el cielo se torna gris tormentoso y la estampa recuerda un poco a los cielos de Turner, uno de los pocos pintores ingleses que retengo en la memoria, hay algo en la luz que me reconcilia con esta ciudad tan bipolar e inestable. Bipolar e inestable no sólo por el tiempo cambiante que permite sentirte en las cuatro estaciones del año en el trascurso de pocas horas, sino también por una sociedad obsesionada con la seguridad y el orden, las vallas y marcar el camino correcto por el cual caminar, pero que luego tiene estallidos de energia y violencia, de locura y de excentricidad. Yo misma despúes de escuchar la estúpida advertencia de colocarme a la izquierda para caminar por una explanada vacía de gente, he sentido ganas de pegar una patada a las vallas y correr hacia el lado contrario para ver que podría pasar.Uno de los temas más comentados ha sido la ceremonia de inaguración, dejando aparte la conciencia colectiva de que este acontecimiento es un  hermanamiento más económico que social, y  ha quedado patente la constante comparación con las anteriores, es especial con la de Pekín. Si algo  hay que agradecer a estos eventos, es que sirvan de barómetro de la sociedad y del tiempo en el que vivimos, reflejando cambios no sólo económicos sino sociales y emocionales de los que no somos conscientes por estar inmersos en ellos. Hace cuatro años vivíamos en una época de expansión, explandor, espectacular, donde la imagen y ser más que el resto era una de los deportes preferidos de la sociedad; ahora hemos vuelto a los orígenes, a buscar referentes con menos brillo y más vigencia. En esta ceremonia los ingleses han mirado en su interior, recurrido a los referentes del pasado por los que sienten mayor orgullo y que les dan fuerzas para continuar viviendo en estos tiempos de futuro incierto, en lugar por apostar en algo nuevo innovador, diferente, porque ¿quién es el valiente que se atreve a ello? Se han buscado referentes en lo local para obtener un carácter universal y como muestra de ello es esa magnífica banda sonora de la ceremonia, compuesta de canciones que forman parte de nuestra vida, independientemente del país de procedencia, que nos incluyen en un universo musical sin fronteras.

He leído opiniones y referencias en facebook, porque me resultan más reales y sinceras que las vanas palabras de un periodismo que se afana enrepetir una y otra vez el mismo esquema caduco, y me he quedado un poco sorprendida por algunos comentarios comparativos con respecto a a nuestra banda sonora de Barcelona 92. ¿Por qué nosotros mismos no somos capaces de recordar que no sólo fueron las Manolos y el resurgimiento de la rumba catalana, que personalmente me gusta mucho y que creo que ha sido una gran influencia para el nacimiento de nuevos sonidos décadas después, sino también el duo de Mercury y Caballé quienes marcaron el rimo de los juegos? Mezclar las voces de Freddy y  Montserrat en un dúo es un acto de audacia que me rio yo de los Articks Monkeys y de Paul McCartney como cierre de la ceremonia. Hay que recuperar la memoria colectiva, el orgullo y la confianza en nuestro futuro y todo ello comienza por pequeños pasos como evitar el autosabotaje,  deporte al que los españoles nos hemos acostumbrado durante demasiado tiempo.

Aquí en Londres el ambiente no es el más festivo, los medios oscilan entre el apoyo incondicional y la crítica más feroz ante cualquier pequeño contratiempo pero hay que saber reconocer que estamos viviendo un acontecimiento que nos une, ya lo vivamos frente a la tele, en el bar, en internet y que debemos aprender de nuestra capacidad de energía colectiva para construir un mundo mejor y no sólo efímeros acontecimientos cuyo espíritu desparece a las dos semanas. Si democracia no es votar cada cuatro años, el hermanamiento mundial tampoco es desfilar bajo la misma bandera cada cuatrienio.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s