How I spent my sunday night

Hay una serie que me rescata, que me conmueve, que me hace reír. Funciona como esos flechazos instantáneos, donde sólo tienes que desearlo para que ocurra. Y quizás esto me suceda porque es un espejo de como me siento, viviendo en una encrucijada de varios mundos, sintiéndome adolescente, eternamente joven y de repente sorprendentemente mayor, todo ello en un corto lapso de tiempo. O quizás porque me ayuda a ratificar ciertas ideas sobre relaciones y momentos supuestamente cruciales en ellas, en donde la mayoría de los mortales no conseguimos explicar con bonitas palabras las razones por las que nos gusta una persona, pero lo sentimos tan fuerte y profundo que no comprendemos que pueda suceder de otra manera; hay cosas que se sienten y cosas que se explican, y sólo los verdaderos poetas consiguen aunarlas de manera adecuada.

Este tipo de series tienden con el tiempo a volverse demasiado políticamente correctas, hay que asumirlo, pero a diferencia de las últimas temporadas de Friends, How I met your mother tiene un no se qué y una energía que me enganchan más allá de la fuerza que genera la costumbre. Como las relaciones de verdad, sea cual sea su naturaleza.

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