Vivir así es morir de amor

Fotografía Mangiula

Quisiera contar que el sol ha calentado mis mejillas mientras pisaba hojas húmedas, y que bajo el peso de mis botas, chof chof, acompañaban a los pájaros, cri cri, en su banda sonora rutinaria. Escuché risas, sonreí, subí y baje pequeñas laderas una y otra vez, y el frío de última hora desapareció con el contacto del calor humano. Pero también hoy se remarcó todavía mas la arruga de pensar que surca mi frente, puse malas caras, jure por lo alto y por lo bajo, me tensioné, me sentí débil, fatigada… Todo eso en un día intenso de trabajo, y ya van… Y todavía los que quedan. Pero siempre ahí, al pie del cañón.

Todo eso ha sucedido en un paraje ideal, bucólico, otoñal, La Granjilla del Escorial, cuyo único pecado consiste en no ser de propiedad pública, sino del hermano de nuestra queridísima presidenta SinEsperanza (que otrora fue copropietaria). Y eso me jode el día, como las cargas policales y el ruido del helicóptero que vuelve a sobrevolar la ciudad.

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