El sentido del gusto, ese gran desconocido

En estas épocas cercanas a fin de año, quien más y quien menos ha esbozado un plan de cambio, un proposito de enmienda para mejorar aquellos pequeños detalles que nos alejan de la perfección. Gracias a dios, dichos detalles son tantos que siempre tendremos algo que dejarnos para el año siguiente.

Desde que nacemos hasta que morimos, la vida es un continuo cambio del que no siempre somos conscientes. Ultimamente me fascinan las variaciones relacionadas con el propio sentido del gusto: de pequeña no me gustaba demasiado el chocolate, ahora lo necesito una vez al día para poder funcionar debidamente; siempre he comido menos para poder saciarme con el postre, ahora lo dejo para la merienda o si es cena ni me lo planteo siquiera; entre carne y pescado, elegía pescado y ahora puedo tomarme un solomillo sangrante sin rechistar. Comencé bebiendo vino blanco y ahora no se si corre por mis venas Rioja o sangre… Me resulta curioso, sin embargo, que desde cría no haya soportado siquiera oler las naranjas y las mandarinas, y que mi animadversión hacia ellas no haya hecho otra cosa que aumentar con los años.

¿Os sucede algo parecido? Ahora voy a comer, qué dilema…

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2 thoughts on “El sentido del gusto, ese gran desconocido

  1. Jo, me han entrado unas ganas tremendas de ir a Barna o de probar un nuevo concepto de cena romantica… Superinteresante, thank you!!!

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